lunes, 11 de mayo de 2015
Ángeles caídos
Me hubiese gustado caminar parte
de mi senda contigo, es decir,
no sobre tus hombros o tú sobre los míos,
sino a tu lado, como buenos camaradas.
Nunca pretendí amarte o que me amaras, pero...
Me hubiese gustado ser un viento refrescante
cuando el cansancio se adueñara de ti,
vigorizante, relajante, pero invisible.
Me hubiese gustado ser tu confidente,
tu roca, tu apoyo, tu estera y la sombra
que buscaras a la orilla de la senda.
El hombro sobre el cual pudieras llorar
sin sentir vergüenza o temor.
Y desaparecer cuando quisieses estar solo
pero aguzando el oído para cuando me
necesitares de nuevo.
Hubiera querido ser parte de tu libertad
y tu libre albedrío,
el respeto, la comprensión y la amistad.
Poner a tu disposición mi experiencia,
y mi sabiduría, esculpida a golpes de maza
que crearon la obra de arte sobre un doliente
mármol sin cera.
Me hubiera gustado compartir mi alegría
contigo, pero ¿En dónde quedó tu alegría?
Siendo tan pleno de juventud e inteligencia
¿Por qué le huíste a ambas e insisististe
en ser un depredador o una gárgola,
cuando en realidad eres un Nefilim* alado?
¿Quién Marchitó tu admirable primavera?
El miedo se apoderó de ti y construiste una
gran muralla negra inexpugnable, detrás
de la cual hay un niño llorando, asustado.
Pensé que podríamos compartirnos nuestros
viejos y semejantes fracasos, y apoyados
uno sobre la espalda del otro brincar el
muro y emerger a este luminoso, aunque
difícil mundo, tan lleno de oportunidades.
¡Pero no! Has decidido excavar y enterrarte
aún más profundo, repitiéndote neciamente
que esa es la realidad, que el mundo es así,
y cual avestruz ocultar tu cabeza ignorando
que el resto de tu cuerpo es bien visible.
Y entre tanto yo, cual Prometeo encadenado
sigo pagando mi atrevimiento de haber
robado a los Dioses el fuego del amor,
mientras un buitre, lisiado y de verdes ojos
cual dorados atardeceres, devora mis entrañas
que se regenerarán día con día, sin esperanza
de misericordia.
Pudimos habernos ayudado,
Me hubiera encantado ser tu Venus
y tú mi Apolo,
Pero pudiendo ser Dioses,
hemos decidido ser ángeles caídos.
*Hijo de los Dioses. Semidiós.
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