martes, 6 de enero de 2015

Riesgo Biológico

UNA PEQUEÑA PARÁBOLA

Después de una penosa travesía por un eterno mar de eones, las olas escarlata le depositaron sobre las playas del crisol purificador de la venganza cernida sobre sí. En cuanto cayeron las escamas de sus ojos, la anteriormente pequeña oruga por fin salió de su crisálida, pero como es natural, sus incipientes alas estaban húmedas y arrugadas, y no eran aptas aún para volar, además de que no sabía hacerlo. Como siempre, la madre naturaleza era implacable en sus designios de permitir sobrevivir al más fuerte, o mejor dicho, al mejor adaptado.

En ese extraño día al voluble dios Eolo se le daba la gana soplar con frenesí, así que para evitar ser derribada por una ráfaga, la frágil mariposa tuvo que volar buscando resguardo. Había volado muy poco cuando creyó tener la fortuna de encontrar un pequeño hueco en un viejo tronco, pero oh sorpresa,  la entrada estaba cubierta por una fina e imperceptible telaraña donde quedó presa. En efecto, ahí vivía un viejo arácnido empedernidamente solitario, medio muerto de hambre, amargado y egoísta, y no..... no le tuvo la más mínima piedad; de inmediato se dirigió hacia ella, la envolvió completamente en su sedosa red y comenzó a succionarle la vida.

La vieja de ocho patas sólo volvía para satisfacer su egoísta necesidad y volvía entonces a su huraño aislamiento, dado lo anterior la mariposa logró escapar pues estaba bien visto que aún sin proponérselo era una superviviente.
Epílogo:
Ahora el pequeño lepidóptero vuela libre y fuerte, pero todavía algo inexperto, a merced de posibles y excitantes riesgos biológicos, como el encontrarse unos bonitos ojos negros dentro de una joven planta de extraños e inusuales colores que le ofreció confianza y fugaz cobijo. 

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